Gasto Total en Protección Social. Porcentaje del PIB. Países de | ||||||||||||
1995 | 1996 | 1997 | 1998 | 1999 | 2000 | 2001 | 2002 | 2003 | 2004 | 2005 | 2006 | |
Alemania | 20,8 | 22 | 21,9 | 21,7 | 21,6 | 21,5 | 21,5 | 22,1 | 22,4 | 22 | 21,9 | 21,2 |
España | 14,7 | 14,5 | 14,1 | 13,6 | 13,3 | 13 | 12,8 | 13 | 12,9 | 13 | 12,9 | 12,8 |
Estonia | 11,9 | 11,6 | 10,8 | 10,9 | 12 | 10,8 | 10,2 | 10 | 9,9 | 10,3 | 9,8 | 9,5 |
Francia | 22,3 | 22,2 | 22,2 | 21,8 | 21,7 | 21,2 | 21,1 | 21,4 | 21,9 | 22,2 | 22,3 | 22,3 |
Grecia | 15,3 | 15,6 | 15,8 | 16 | 16,3 | 17 | 17,1 | 17,3 | 17,8 | 17,4 | 17,5 | 17,9 |
Irlanda | 12,6 | 11,6 | 10,6 | 9,8 | 10,6 | 8,3 | 8,6 | 9,3 | 9,5 | 9,8 | 9,6 | 9,7 |
Italia | 18,3 | 17,6 | 18 | 17,7 | 17,9 | 17,5 | 17,4 | 17,7 | 18 | 18 | 18,1 | 18,2 |
Polonia | : | : | : | : | : | : | : | 18,5 | 18,8 | 17,6 | 17 | 16,9 |
Portugal | 12,1 | 12,2 | 12 | 12,1 | 12 | 12,5 | 12,9 | 13,5 | 14,6 | 15,1 | 15,7 | 16 |
Reino Unido | 17,4 | 16,7 | 16,2 | 15,6 | 15,2 | 15,1 | 15,5 | 15,6 | 15,9 | 15,6 | 15,7 | 15,4 |
Suecia | 26,6 | 25,6 | 24,4 | 23,1 | 23,5 | 23,2 | 23,3 | 23,4 | 24,3 | 23,9 | 23,4 | 22,7 |
EU-15 | 19,9 | 19,8 | 19,5 | 19 | 18,8 | 18,4 | 18,4 | 18,7 | 19,1 | 18,9 | 18,8 | 18,5 |
Fuente: Eurostat. Proporcionado por el Observatorio Social de España. : = dato no disponible | ||||||||||||
martes, 4 de enero de 2011
lunes, 3 de enero de 2011
Suecia, la educación, la superpoblación y Europa
Sr. Punset, en Suecia una sueca puede quedarse en casa cuidando de su bebé durante 18 meses con sueldo (y más tiempo sin sueldo, conservando tu puesto de trabajo), cosa impensable aquí. En este mismo país, si te jubilas antes de los 65 o 70, tu pensión será muy inferior a la que obtendrías a partir de esas otras edades. Con lo que, o trabajas hasta esas edades o tendrás una economía muy ajustada.
Hay más cosas interesantes de Suecia.A partir de los 18 (o antes), los suecos se independizan. Pueden hacerlo, solicitando al estado una ayuda mensual (como si fuera un sueldo). Ayuda, que más que ayuda es un préstamo, que tendrán que devolver. Nada de becas “por la patilla”. Me parece mucho más justo.
Esto es lo que dice Eduard Punset:
"Las estadísticas nos enseñan que eso es rotundamente falso. Países como Suecia o Suiza arrojan las tasas de desempleo global más bajas, al tiempo que en los mismos países las tasas de ocupación o empleo del segmento de los “mayores” son las más elevadas. Estamos hablando de la franja de edad que va desde los 55 hasta los 64 años, cuya productividad es tan intensa que crean muchísimos más puestos de trabajo de los que bloquean a los jóvenes.
Otra sorpresa que revela la ciencia. Ahora resulta que en países como Suecia –que se caracteriza por tasas elevadas de fertilidad en la población femenina– más mujeres disponen de un puesto de trabajo que en países como España o Alemania –que son conocidos por su baja tasa de fertilidad–.
Menos hijos igual a menos empleo femenino o, para ser justos, menos empleo para poder ocuparse del hijo único. El gran hallazgo que debieran estudiar con atención los políticos ha consistido en descubrir que la categoría de jóvenes europeos con mayor número de hijos se da en aquellos países que permiten tanto al padre como a la madre reconciliar sus demandas familiares con las laborales.
No es la primera vez que nuestros lectores reclaman, con razón, a sus gobiernos corregir la injusticia de la falta de ayudas, profesionalización y modernización de las guarderías infantiles. La mayor parte de las madres jóvenes no sabe de dónde sacar los recursos para sufragar ese gasto exorbitante en su estrategia de compromisos.
Por último, lo que demuestran los estudios más recientes de la diversificación por género y edades de la población europea es que las tendencias demográficas negativas –como las bajas tasas de fertilidad femenina, las emigraciones masivas o incluso la pérdida de población– sólo podrán compensarse con una profunda reforma educativa.
Aunque ahora parezca imposible o lejano, llegará el día en que las empresas competirán entre sí por conseguir jóvenes dotados con las competencias necesarias para impulsar la innovación y el crecimiento.
Las estadísticas nos enseñan que eso es rotundamente falso. Países como Suecia o Suiza arrojan las tasas de desempleo global más bajas, al tiempo que en los mismos países las tasas de ocupación o empleo del segmento de los “mayores” son las más elevadas. Estamos hablando de la franja de edad que va desde los 55 hasta los 64 años, cuya productividad es tan intensa que crean muchísimos más puestos de trabajo de los que bloquean a los jóvenes.
Otra sorpresa que revela la ciencia. Ahora resulta que en países como Suecia –que se caracteriza por tasas elevadas de fertilidad en la población femenina– más mujeres disponen de un puesto de trabajo que en países como España o Alemania –que son conocidos por su baja tasa de fertilidad–.
Menos hijos igual a menos empleo femenino o, para ser justos, menos empleo para poder ocuparse del hijo único. El gran hallazgo que debieran estudiar con atención los políticos ha consistido en descubrir que la categoría de jóvenes europeos con mayor número de hijos se da en aquellos países que permiten tanto al padre como a la madre reconciliar sus demandas familiares con las laborales.
No es la primera vez que nuestros lectores reclaman, con razón, a sus gobiernos corregir la injusticia de la falta de ayudas, profesionalización y modernización de las guarderías infantiles. La mayor parte de las madres jóvenes no sabe de dónde sacar los recursos para sufragar ese gasto exorbitante en su estrategia de compromisos.
Por último, lo que demuestran los estudios más recientes de la diversificación por género y edades de la población europea es que las tendencias demográficas negativas –como las bajas tasas de fertilidad femenina, las emigraciones masivas o incluso la pérdida de población– sólo podrán compensarse con una profunda reforma educativa.
Aunque ahora parezca imposible o lejano, llegará el día en que las empresas competirán entre sí por conseguir jóvenes dotados con las competencias necesarias para impulsar la innovación y el crecimiento."
Eduard Punset
Hay más cosas interesantes de Suecia.A partir de los 18 (o antes), los suecos se independizan. Pueden hacerlo, solicitando al estado una ayuda mensual (como si fuera un sueldo). Ayuda, que más que ayuda es un préstamo, que tendrán que devolver. Nada de becas “por la patilla”. Me parece mucho más justo.
Esto es lo que dice Eduard Punset:
"Las estadísticas nos enseñan que eso es rotundamente falso. Países como Suecia o Suiza arrojan las tasas de desempleo global más bajas, al tiempo que en los mismos países las tasas de ocupación o empleo del segmento de los “mayores” son las más elevadas. Estamos hablando de la franja de edad que va desde los 55 hasta los 64 años, cuya productividad es tan intensa que crean muchísimos más puestos de trabajo de los que bloquean a los jóvenes.
Otra sorpresa que revela la ciencia. Ahora resulta que en países como Suecia –que se caracteriza por tasas elevadas de fertilidad en la población femenina– más mujeres disponen de un puesto de trabajo que en países como España o Alemania –que son conocidos por su baja tasa de fertilidad–.
Menos hijos igual a menos empleo femenino o, para ser justos, menos empleo para poder ocuparse del hijo único. El gran hallazgo que debieran estudiar con atención los políticos ha consistido en descubrir que la categoría de jóvenes europeos con mayor número de hijos se da en aquellos países que permiten tanto al padre como a la madre reconciliar sus demandas familiares con las laborales.
No es la primera vez que nuestros lectores reclaman, con razón, a sus gobiernos corregir la injusticia de la falta de ayudas, profesionalización y modernización de las guarderías infantiles. La mayor parte de las madres jóvenes no sabe de dónde sacar los recursos para sufragar ese gasto exorbitante en su estrategia de compromisos.
Por último, lo que demuestran los estudios más recientes de la diversificación por género y edades de la población europea es que las tendencias demográficas negativas –como las bajas tasas de fertilidad femenina, las emigraciones masivas o incluso la pérdida de población– sólo podrán compensarse con una profunda reforma educativa.
Aunque ahora parezca imposible o lejano, llegará el día en que las empresas competirán entre sí por conseguir jóvenes dotados con las competencias necesarias para impulsar la innovación y el crecimiento.
Las estadísticas nos enseñan que eso es rotundamente falso. Países como Suecia o Suiza arrojan las tasas de desempleo global más bajas, al tiempo que en los mismos países las tasas de ocupación o empleo del segmento de los “mayores” son las más elevadas. Estamos hablando de la franja de edad que va desde los 55 hasta los 64 años, cuya productividad es tan intensa que crean muchísimos más puestos de trabajo de los que bloquean a los jóvenes.
Otra sorpresa que revela la ciencia. Ahora resulta que en países como Suecia –que se caracteriza por tasas elevadas de fertilidad en la población femenina– más mujeres disponen de un puesto de trabajo que en países como España o Alemania –que son conocidos por su baja tasa de fertilidad–.
Menos hijos igual a menos empleo femenino o, para ser justos, menos empleo para poder ocuparse del hijo único. El gran hallazgo que debieran estudiar con atención los políticos ha consistido en descubrir que la categoría de jóvenes europeos con mayor número de hijos se da en aquellos países que permiten tanto al padre como a la madre reconciliar sus demandas familiares con las laborales.
No es la primera vez que nuestros lectores reclaman, con razón, a sus gobiernos corregir la injusticia de la falta de ayudas, profesionalización y modernización de las guarderías infantiles. La mayor parte de las madres jóvenes no sabe de dónde sacar los recursos para sufragar ese gasto exorbitante en su estrategia de compromisos.
Por último, lo que demuestran los estudios más recientes de la diversificación por género y edades de la población europea es que las tendencias demográficas negativas –como las bajas tasas de fertilidad femenina, las emigraciones masivas o incluso la pérdida de población– sólo podrán compensarse con una profunda reforma educativa.
Aunque ahora parezca imposible o lejano, llegará el día en que las empresas competirán entre sí por conseguir jóvenes dotados con las competencias necesarias para impulsar la innovación y el crecimiento."
Eduard Punset
RELACIÓN ENTRE SUECIA Y OTROS PAÍSES EN EL NÚMERO DE INVESTIGADORES
Los indicadores más empleados para comparar el estado de la investigación científica son cuatro: cantidad de publicaciones (en un período dado), calidad de estas publicaciones (evaluada como citaciones por artículo), número de investigadores e inversión nacional (como porcentaje del Producto Interno Bruto). Chile se encuentra ubicado en los últimos lugares entre los países OCDE en todos estos indicadores. A nivel de publicaciones científicas, el reciente estudio “UNESCO Science Report 2010” muestra que Chile publicó 3.646 artículos el año 2008, cifra 8 veces inferior al promedio de los 33 países de la OCDE (28.681 artículos). Aún excluyendo a potencias como Japón o Estados Unidos, sólo cuatro de los 33 países publican menos artículos científicos que Chile (siendo Islandia y Luxemburgo, dos de esos países). Difícilmente se puede culpar a los científicos nacionales de tan mediocre productividad, puesto que las publicaciones nacionales reciben sólo un 20% menos de citaciones respecto al promedio OCDE (ISI Essential Science Indicators).
Probablemente donde mayor distancia existe respecto a los países OCDE es en número de investigadores (por millón de habitantes) e inversión en I&D. Según datos del propio Gobierno (similares a los presentados en el estudio de la UNESCO), Chile posee menos de 800 investigadores por cada millón de habitantes. De acuerdo a datos del Banco Mundial, el promedio OCDE es de aproximadamente 3.400 investigadores; países como Suecia o Dinamarca, superan los 5 mil investigadores, y Finlandia supera los 7 mil. Es evidente el retraso de Chile en este ítem; sólo tres países poseen menos de mil investigadores por millón de habitantes, por lo que nuestro país se ubica también en los últimos lugares. El alto número de investigadores en los países desarrollados demuestra la clara vocación de dichos países por la investigación científica y tecnológica, de la mano de su estabilidad y prosperidad económica.
En cuanto a la inversión en I&D, Chile invierte sólo un 0,4% del PIB (de acuerdo al estudio “Resultados de las Encuestas de Innovación e I&D, 2007-2008”, Ministerio de Economía), muy por debajo del 2,3% que invierten en promedio los países de la OCDE. Los países europeos buscan aumentar dicha cifra a un 3% de base, mientras que en Chile, el presupuesto para I&D se mantiene prácticamente inamovible, y con expectativas de ser duplicado en los próximos ocho años. Hay que destacar que, según estos datos, Chile se encuentra en el penúltimo lugar entre los países OCDE en términos de inversión de I&D.
La pregunta que surge naturalmente es: ¿puede Chile aspirar a ser un país desarrollado en la próxima década, con tan pobres indicadores de investigación científica o tecnológica, o necesita incorporar en sus metas una mejoría ostensible en esta materia, y cómo? En este sentido, vale la pena una vez más comparar a Chile con los países OCDE: mientras el 70% de los 33 países de la OCDE poseen una institución de rango y carácter ministerial para determinar las políticas nacionales en lo relativo a la investigación científica y la innovación, sólo tres países cuentan con instituciones que pueden ser definidas, en el mejor de los casos, como “agencias”: Chile (CONICYT, organismo que fue creada hace más de 40 años), Turquía y México. Curiosamente, estos tres países son los mismos que poseen los desempeños más bajos en los demás indicadores. Diversos actores nacionales e internacionales han manifestado la urgencia de reformular la actual institucionalidad científica nacional, incluyendo a la misma OCDE. La experiencia de los países miembros de la OCDE sugiere que la mejor estrategia, y la que mejores dividendos otorgará al país, es la creación de un Ministerio de Ciencia y Tecnología. Cabe señalar que Argentina y Brasil ya dieron este paso, creando sus respectivos ministerios, y en los últimos años han mejorado sus capacidades científicas y tecnológicas, siendo destacados en revistas científicas de prestigio internacional como Nature y Science.
COMENTARIO: Los datos siguen siendo muy claros, mientras para algunos el preocuparse de los restos arqueológicos es lo que demuestra la cultura y el estado de bienestar de un país para otros, con dos dedos de frente, lo que mide el nivel de desarrollo y bienestar son indicadores como los que acabamos de apuntar.
Probablemente donde mayor distancia existe respecto a los países OCDE es en número de investigadores (por millón de habitantes) e inversión en I&D. Según datos del propio Gobierno (similares a los presentados en el estudio de la UNESCO), Chile posee menos de 800 investigadores por cada millón de habitantes. De acuerdo a datos del Banco Mundial, el promedio OCDE es de aproximadamente 3.400 investigadores; países como Suecia o Dinamarca, superan los 5 mil investigadores, y Finlandia supera los 7 mil. Es evidente el retraso de Chile en este ítem; sólo tres países poseen menos de mil investigadores por millón de habitantes, por lo que nuestro país se ubica también en los últimos lugares. El alto número de investigadores en los países desarrollados demuestra la clara vocación de dichos países por la investigación científica y tecnológica, de la mano de su estabilidad y prosperidad económica.
En cuanto a la inversión en I&D, Chile invierte sólo un 0,4% del PIB (de acuerdo al estudio “Resultados de las Encuestas de Innovación e I&D, 2007-2008”, Ministerio de Economía), muy por debajo del 2,3% que invierten en promedio los países de la OCDE. Los países europeos buscan aumentar dicha cifra a un 3% de base, mientras que en Chile, el presupuesto para I&D se mantiene prácticamente inamovible, y con expectativas de ser duplicado en los próximos ocho años. Hay que destacar que, según estos datos, Chile se encuentra en el penúltimo lugar entre los países OCDE en términos de inversión de I&D.
La pregunta que surge naturalmente es: ¿puede Chile aspirar a ser un país desarrollado en la próxima década, con tan pobres indicadores de investigación científica o tecnológica, o necesita incorporar en sus metas una mejoría ostensible en esta materia, y cómo? En este sentido, vale la pena una vez más comparar a Chile con los países OCDE: mientras el 70% de los 33 países de la OCDE poseen una institución de rango y carácter ministerial para determinar las políticas nacionales en lo relativo a la investigación científica y la innovación, sólo tres países cuentan con instituciones que pueden ser definidas, en el mejor de los casos, como “agencias”: Chile (CONICYT, organismo que fue creada hace más de 40 años), Turquía y México. Curiosamente, estos tres países son los mismos que poseen los desempeños más bajos en los demás indicadores. Diversos actores nacionales e internacionales han manifestado la urgencia de reformular la actual institucionalidad científica nacional, incluyendo a la misma OCDE. La experiencia de los países miembros de la OCDE sugiere que la mejor estrategia, y la que mejores dividendos otorgará al país, es la creación de un Ministerio de Ciencia y Tecnología. Cabe señalar que Argentina y Brasil ya dieron este paso, creando sus respectivos ministerios, y en los últimos años han mejorado sus capacidades científicas y tecnológicas, siendo destacados en revistas científicas de prestigio internacional como Nature y Science.
COMENTARIO: Los datos siguen siendo muy claros, mientras para algunos el preocuparse de los restos arqueológicos es lo que demuestra la cultura y el estado de bienestar de un país para otros, con dos dedos de frente, lo que mide el nivel de desarrollo y bienestar son indicadores como los que acabamos de apuntar.
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